La experiencia de Sophie 6º capitulo

La experiencia de Sophie 6º capitulo

capitulo seis

Capitulo Sexto

Una situacion complicada
¡Luz roja!
   Tarkus nos grita para avisarnos del inminente salto. Volamos hacia un pueblo llamado Baidoa situado al oeste de Mogadiscio, en Somalia. Vamos a realizar una operación de rescate de un periodista italiano que fue secuestrado hace un mes en la frontera con Etiopía.
El jefe sabe lo arriesgado del asunto y solo ha contado con la sección Alfa y la Soes. Yo acompaño al comandante con el equipo de radio por satélite. Seré el último en saltar de los once.
¡Luz verde!, ¡todos fuera!
   Saltamos uno detrás de otro rápidamente, sin pararnos, Tarkus salta delante de mi y yo cierro el grupo. Un segundo después siento un tirón fortísimo que me sujeta al C-130 que nos transportaba. Mi cuerpo se balancea como un muñeco chocando varias veces contra el fuselaje del avión. En uno de los golpes casi pierdo el sentido al golpearme la cabeza. Me la cubro con las manos y en otro golpe me aplasto el antebrazo y la muñeca. No consigo reaccionar a lo que está pasando y empiezo a notar que me falta el aire debido a la presión del viento. Quiero sujetarme a la nave pero no hay nada que me sirva para ello.
   Al final alguien de la tripulación corta el cable que me sujeta y me veo liberado. Tengo que pensar rápido, el paracaídas principal no se ha abierto con el cable, esto quiere decir que no funciona, así que busco la anilla del paracaídas de emergencias y tiro fuertemente de ella.Otro tirón, este al abrirse el paracaídas. Que susto he pasado, por poco no la cuento, que gracioso que siempre me toque a mi el material defectuoso. Voy a escribir a los del libro Guiness de los records para que me apunten. Intento girarme para buscar las siluetas de los paracaídas de mis compañeros pero no  consigo ver nada. Está clareando el día y con la penumbra es difícil distinguir algo en la lejanía. Bajo mis pies me espera una llanura sin fin con muy poca vegetación. Un camino recto que se pierde en el horizonte es la única referencia. A mi derecha, lejos, muy lejos, la cadena de elevaciones montañosas donde se supone que debería haber aterrizado con mis compañeros.
Tomo tierra y me apresuro a recoger el paracaídas y esconderlo en unos matojos espinosos. Todo es plano y despejado, es casi imposible ocultarse en ningún sitio y decido seguir el camino hacia donde está el resto del equipo. Pero solo llevo andado unos cien metros cuando en el horizonte aprecio una columna de polvo que se acerca por el lado opuesto a donde me dirijo. Ha terminado de amanecer y el día se presenta totalmente despejado y caluroso, el viento racheado forma remolinos.
   Me alerta el ruido de motores y compruebo preocupado que el polvo lo produce un convoy de vehículos que se aproxima muy rápido. En mis alrededores no hay donde esconderse y opto por tumbarme en el suelo y quedarme inmóvil hasta que pasen de largo. Pero a unos doscientos metros la caravana de camiones se para y se oyen gritos. Levanto un poco la cabeza y compruebo con horror que con el viento, el paracaídas se ha abierto y está inflado aleteando sujeto a los matorrales. Del grupo de vehículos salen medio centenar de hombres armados que se despliegan por los alrededores atendiendo las órdenes de uno de ellos que les grita con ímpetu. Están buscando mis huellas y parece que no van muy descaminados, porque miran hacia mi posición y uno de ellos señala hacia donde estoy tumbado.
   A las órdenes del que grita, todos los hombres comienzan a caminar paralelamente al camino siguiendo mis huellas. Los tengo a tiro, pero si abro fuego no tendré tiempo de acabar con todos, son muchos y van armados con AK 47 y viejos fusiles CETMES. No voy a poder salir de esta, así que no me queda otra que la vía diplomática.Me levanto rápidamente con las manos en alto gritando ¡SOY AMIGO! ¡SOY AMIGO!.
Al percatarse de mi presencia a menos de cien metros de ellos, me apuntan y efectúan varios disparos que pasan muy cerca de mí. Todos corren gritándome y apuntándome hasta que forman un círculo a mi alrededor.
   El que grita, que parece ser el jefe del grupo, se acerca dando grandes voces y gestos con las manos (cosa que no ha dejado de hacer desde que se bajó del vehículo) y me golpea en el pecho con la culata de su AK, haciendo que pierda el equilibrio y caiga al suelo. El golpe apenas me duele, pero el walkie está jodido, emite un tono agudo por el auricular que me obliga a sacármelo del oído.
   Me siguen gritando y me obligan a ponerme de rodillas con las manos en la nuca. El jefe comienza a despojarme de todo mi equipo a tirones y golpes, la pistola Sig Sauer, que se guarda en un bolsillo, los cargadores de mi AK, el walkie, cantimplora, alimento en barritas, botiquín, prismáticos, etc.
   De un bolsillo del chaleco táctico saca la bandera de la unidad y la despliega, la mira con curiosidad y hace un comentario que no entiendo, pero el resto ríe a carcajadas enseñándome sus dientes blanquecinos en unas caras negras como el carbón.
   Después de imitar a un animal parecido a una pantera, el jefe llama a uno de ellos que está más alejado del grupo, alto y muy delgado, con unas gafas de montura redonda muy viejas, habla con él y este me pregunta en un inglés casi ininteligible:
-  That country you are? (¿de qué pais eres?)
Of the World, i bring peace to the World. (del mundo, traigo paz al mundo)
El de las gafas le traduce y el jefe no se muestra muy convencido con mi respuesta.
-American soldier, you are Goin  to die. (soldado americano, tu vas a morir)
- No american, i am spanish, to spain (no americano, yo soy español, de españa)
- ¿spanish?, ¡no spanish, american! (¿español?, ¡no español, americano!)
-No, i am spanish, to peace  soldiers.(no soy español, soldado de paz)
   Me arrea un descomunal golpe en la cabeza con el puño cerrado que me desequilibra y caigo hacia delante. Me levantan y antes de que pueda evitarlo me dan otro tremendo golpe en la cara que me hace ver puntitos blancos. Siento que sangro por la nariz.
-¡American spy, fuck you! (¡espía americano, jódete!)
¡No american!, no sirve de nada cabezones, haced lo que os dé la gana hijos de puta.
   Me vuelven a tumbar a golpes, esta vez me patean entre varios.
   El jefe recoge mi AK 74 táctico del suelo y lo observa con detenimiento, como si fuese una joya, comparada con sus viejos y oxidados AK. Habla con otros dos hombres y acto seguido me tiran boca abajo y me atan las manos a la espalda, me sujetan por los pies y me arrastran así hasta los camiones. No les importa que hayan piedras o arbustos con espinas, paso por encima y me araño la cara y las piernas.Me suben al camión como a un fardo de trapos, sin miramientos, todo a base de golpes y patadas, me ponen boca abajo y apoyan los pies encima, así viajamos cerca de una hora sin parar. Mis manos se duermen debido a la postura, me duele la cabeza por el golpe recibido y por la postura del cuello. La nariz me da punzadas y no puedo respirar bien por ella.
   Al final llegamos a un pequeño poblado de unas cinco o seis cabañas y me bajan del camión simplemente dejándome caer y por el mismo método de antes me arrastran hasta un cobertizo, de donde sacan unas cabras y me meten dentro.
   Por entre las rendijas de las tablas y ramas con las que está construida la choza veo que queda un hombre de centinela a la puerta, el resto se dispersa por el poblado. Me doy la vuelta con dificultad. El olor a excrementos de cabra es penetrante y acido, el suelo está lleno de hormigas que pronto suben a mi ropa e invaden mi cuerpo clavándome sus mandíbulas con saña. Intento serenarme y pensar de manera clara, he sobrevivido hasta ahora, que no es poco, pero tengo el futuro muy negro, esta gente cree que soy americano y puede que valioso y eso me dé una oportunidad de seguir con vida.
   La he liado bien gorda; Tarkus tendrá un cabreo monumental, he perdido la radio satélite, indispensable para salir de aquí, los he dejado tirados en medio de la nada y yo metido en un lío del demonio, desde luego que a veces debería quedarme en mi casa. Ahora lo mas seguro que esta gente venga de un momento a otro y me pegue un tiro y termine siendo comido por los buitres. A tomar por culo todo por esta jodida suerte mía. Y no queda ahí la cosa, porque Tarkus montará una operación de rescate para localizarme y sacarme de aquí y eso pondrá a los UTAR otra vez en peligro.
Tengo un chichón como un huevo en la cabeza. Me he tenido que romper algo en la muñeca porque me duele cada vez más. Si no tengo el tabique nasal roto será un milagro y además me escuecen las rodillas, los muslos, los hombros y las caderas de los arañazos que me han producido los cafres estos al arrastrarme.
Veo algo que brilla cerca de mí entre la basura que llena el suelo y me arrastro hasta aquello comprobando que es un trozo de cristal de una botella. Me retuerzo tumbado hasta que mis manos consiguen sujetar el astillado vidrio y a duras penas lo coloco en una posición idónea para poder cortar la cuerda que me sujeta las manos. Muy despacio voy frotando el filo contra la atadura y me desespero al comprobar que tras un buen rato apenas he desollado la capa superficial. No importa, sigo insistiendo.
   No sé si llevaré una hora o dos, pero esto no se corta, me duelen los dedos de sujetar el cristal, pero tengo que seguir, mientras pienso que es posible que hayan mas trozos en el suelo, así que comienzo a remover el suelo con los pies mientras insisto en mi tarea.
   De pronto empujan la puerta y entra un hombre del que solo veo al principio su silueta muy delgada, se acerca y me pregunta en un español muy rudimentario:
-Traigo agua para ti; ¿Eres tu español o espía americano?
-¿Hablas español?; yo soy español, espera no te vayas, ayúdame, no soy espía americano, soy casco azul español.
-Tú no casco azul; aquí no casco azul hace muchos años.
- Vale, soy de un equipo de rescate que busca a un periodista italiano.
-¿Periodista italiano?, Tu no italiano!; ¿Porqué tu buscas italiano rescate?
-Porque él es amigo, Italia y España son amigos. Solo quiero rescatarlo, no luchar, no soy espía.
-Aquí nadie amigo, aquí guerra larga en tiempo. Italiano en otra facción no amigos nuestros. Tu equivocar. Mi jefe quiere matarte porque dice tu eres espía.
- Ayúdame tío, tú puedes explicarle que yo no quiero luchar, no quiero matar a nadie, solo rescatar al italiano.
-No quiero tener lío, no quiero…..castigo por hablar contigo.
-¿Dónde aprendiste a hablar español?
-Yo embarqué en barco español atunero. Ellos, la tripulación muy buenos conmigo, buen trato conmigo, yo muy agradecido.
-Pues devuelve el favor y ayúdame, habla por mí con tu jefe.
-¿Cómo te llamas?
-Juan, ¡Y tú?
-Yaseff, ¿de donde de España eres?
-De Málaga.
-¡Ah, yo amigo en Málaga, amigo de mi padre!; cruzó el mar y ahora trabaja en construcción. Bueno, veré al jefe y quiere hablar contigo y yo podré ayudar.
-Gracias Yaseff…
   El hombre le da de beber un poco de agua y lo mira con cara de miedo, después se marcha.
   Sigo buscando entre los excrementos de cabra otro trozo de vidrio que me sirva para cortar mis ataduras. Al final encuentro uno que parece tener mas filo. Comienzo la difícil maniobra de colocarme encima y sujetarlo con la punta de los dedos para alcanzar la cuerda.
   Un buen rato mas tarde parece que mi insistencia empieza a dar frutos y siento hilachas sueltas donde, casi con los dedos dormidos, sigo frotando el cristal.
   Nuevamente empujan la puerta y dejo de golpe mi trabajo intentando disimular. Esta vez entran cuatro hombres no muy diferentes a Yaseff, me levantan de un tirón, arrastrándome hasta la calle. Seguimos por un camino de tierra hasta un edificio de ladrillo mal enfoscado y encalado, con un tejado de chapa ondulada. En la puerta hay un soldado con un CETME muy viejo que al pasar me mira con indiferencia.
   Una vez dentro, me llevan a una sala donde hay un tipo mejor alimentado que los demás, sentado tras una mesa escritorio. El mobiliario es espartano, con muebles viejos muy desgastados, decorados con otros dos soldados armados y con pinta de oficiales.
   Me plantan delante del que parece el jefe, el tipo grueso, que suda copiosamente.
Tras de mi entra Yaseff y se coloca a mi lado; en su cara se lee el miedo. El gordo empieza a hablar muy rápido como si estuviera cabreado y quisiera acabar con esto rápido.
   Todos miran a Yaseff cuando el jefe termina su charla y él visiblemente nervioso comienza a traducirme a trompicones:
-Juan, estás en una especie de…
-¿Juicio?
Si, juicio militar. Mi jefe, Adin Ahmed, Dice que eres un espía de los americanos y serás entregado a nuestro líder el gran señor Mohamed Siadi. El castigo por espionaje es pena de muerte. Si confiesas tus intenciones al venir aquí, el señor Ahmed hablará para que te rebajen a cadena…..
…Perpetua. Estáis locos. ¿Cómo podéis hacer esto; un juicio así? Pero…
¿quieres tu que traduzca lo que tu hablas?
No, no…espera. Dile que yo no soy espía, que solo vengo a rescatar a un periodista. En el mundo civilizado….no, dile que en Europa los periodistas son respetados y no son…. 
Juan, el periodista y tú también habéis venido a nuestro país sin nuestro permiso, nadie os ha llamado. Os metéis en nuestros asuntos y por eso sois espías.
¡Joder!, sois cabezones.
Tú no entiendes cultura aquí, la política en Somalia es distinta.
Ya lo sé, y no voy a opinar sobre ello porque si no me podrían matar aquí mismo. Este país se muere de hambre mientras que unos cuantos tiranos viven a lo grande. Es la misma historia que se repite en muchos países y en todas las épocas. Vaya mierda de política….
Tendré que traducir…
¡Pues traduce!, si da igual, o me matáis o me encerráis para pedir un rescate, que será lo mas seguro, porque os dedicáis a eso, ¿no?. Sois terroristas, mercenarios, traficantes de personas.
   El jefe comienza a hablarle a Yaseff imperativamente y él le da explicaciones, posiblemente de lo que yo estoy diciendo, porque acto seguido, uno de los soldados que me custodia me propina un culatazo en el costado que todavía me duele. Me deja sin aire y caigo al suelo retorciéndome por el dolor.
   Adin Ahmed sigue dando voces mientras me arrastran y golpean brutalmente hasta la choza donde me vuelven a meter.
   Sangro por la boca y la nariz. Me duele la cabeza y el muslo izquierdo, pero el costado me arde como si me quemaran. Calculo que tendré alguna costilla rota.
   Me acurruco en un rincón y me vence el sueño, o es posible que me desmaye, no lo sé. Perdí la noción del tiempo.
   Cuando despierto es de noche, solo oigo perros ladrar. Hace frío y estoy desnudo; al parecer, mientras dormía me quitaron toda la ropa. Estoy helado y mastico la tierra que tengo en la boca, que me habrá entrado cuando me trajeron de vuelta del juicio o cuando me desnudaron. Tirito y me duele la cabeza horrores. Intento relajarme hasta que vuelvo a dormirme.
   Al volver a despertar, el sol ya está alto en el horizonte; el frío se ha ido y a cambio hace una mañana templada y despejada. Me cuesta un buen rato desentumecerme e incorporarme. Me sigue doliendo todo, pero en cuanto puedo me pongo a buscar el trozo de cristal y en cuanto lo encuentro me dedico a la tarea de frotar las ligaduras.
   Al medio día me traen de comer una especie de gachas y un poco de agua; apenas como algo.
   Al caer la noche consigo romper el último tramo de la cuerda y soltarme. Lo he conseguido. Ahora necesito un plan de escape.
   A través de las estacas de la choza compruebo que todos se retiran a dormir y que nadie ha cerrado la choza, pensando que estoy demasiado magullado como para escapar.
   Sin pensarlo mucho abro la puerta y corro hasta una empalizada cercana y recojo ropas que están tendidas al relente. Me visto como puedo y enfilo un sendero para alejarme lo antes posible de allí.
   Llevo ya un buen tramo corriendo cuando me meto en una zona llena de unos matojos llenos de espinos largos y puntiagudos, que al ser de noche no llego a ver y cuando quiero parar, ya tengo los pies llenos de afiladas púas.
   A duras penas salgo de aquel laberinto y me siento sobre una gran roca para intentar quitármelas de los pies. Creo que lloro de dolor. El costado magullado me asfixiaba y los pies, Dios como duele. A oscuras me palpo las plantas para quitarme de un tirón cada púa.
    Paso un rato temblando de frío y de dolor en esta tarea hasta que oigo gritos a lo lejos y luces que se acercan hacia mí. Han detectado mi fuga y vienen en mi busca, pero no me encuentro en condiciones de seguir huyendo o esconderme. No se ve nada y estoy rodeado de aquellas zarzas asesinas.
   Cuando están a unos quinientos metros oigo a un perro ladrar. Como el perro encuentre mi rastro será inútil intentar la huida. No me equivoco; el jodido perro se viene derecho hasta mi y se pone a dar vueltas alrededor ladrando como un maldito delator. No sirve de nada que intente calmarlo hablándole, está cumpliendo una orden como un soldado.
   Mis perseguidores llegan de momento y me vuelven a pegar, culatazos y patadas, hasta tirarme al suelo. Con una gruesa cuerda me atan las manos y sin permitirme ponerme de pie, ( aunque no hubiese podido) me arrastran hasta un camión  que se acerca campo a través, esperan a que dé la vuelta y amarran el otro extremo de la cuerda a la parte trasera. Me llevan de vuelta hasta el campamento como ya era costumbre, como a un paquete, a rastras.
   Por suerte el trayecto es corto y la cantidad de desollones no ha sido exagerada; sangro por las rodillas, codos, caderas y la espalda.
   Me dejan en medio del poblado; estoy tan dolorido que apenas siento ya dolor; creo que he entrado en estado de shock. Me desatan y me levantan. Los hombres que me rodean se separan de mí sin dejar de apuntarme. Entonces, del edificio principal sale el jefe vistiendo únicamente unos calzoncillos y una pistola en la mano, y se dirige a mí gritando lo que seguramente serán insultos. Al llegar hasta mi, monta el arma y me pega el cañón en la nuca. Me habla con los dientes apretados y jamás he sentido la muerte tan cerca. Después de unos segundos de duda, opta por darme un fuerte golpe con el arma en la cabeza que me deja K.O.; caigo al suelo con el mundo dándome vueltas.
   Me llevan nuevamente a rastras hasta un patio trasero del edificio principal. El suelo está enlosado y aun caliente del sol de la tarde. Me amarran los pies a sendas cuerdas, pasando estas por una estructura de madera, a modo de pérgolas, perteneciente a un antiguo tejado. Tiran de ellas levantándome del suelo, quedando mis pies a algo más de un metro del suelo. La postura es incómoda; la espalda no descansa totalmente en el suelo.
   Me atan las manos y la cuerda la pasan por una argolla de hierro que hay sujeta al suelo por encima de mi cabeza.
   Estoy aterrado; medio inconsciente y tras el susto de unos minutos antes, la postura a la que me han sometido no me augura nada bueno.
   Mis guardianes, unos cinco o seis soldados, se ríen constantemente haciendo comentarios entre ellos. Les grito mandándolos al diablo y entonces dos de ellos se acercan y me patean el culo como el que patea un balón de fútbol al lanzar un penalti. Otro de ellos se acerca y se orina encima, mojándome el pecho y la cara; aquello me provoca un escozor en todas las rozaduras que ya tengo. El sabor cálido y salado de la orina se mezcla con el de la sangre y la tierra que ya llenan mi boca.
Aquello les divierte tanto que se revuelcan de risa. Así siguen un buen rato hasta que vuelve a aparecer el jefe y su comitiva. Se plantan a mi lado e inspeccionan las ataduras que me sujetan.
Entonces aparece un tipo grande y fuerte como un rinoceronte llevando en la mano un palo de unos sesenta centímetros de largo parecido al mango de una azada. Me quedo helado cuando compruebo que en uno de sus extremos lleva enrollado un alambre de espinos laminado, de ese que se clava y se engancha antes que lo toques.
   Adin Ahmed da órdenes y varios soldados salen del patio mientras otro corta un tramo de cuerda que ha sobrado al atarme los pies. Alguien trae una escoba vieja y separándome las piernas, me atan con las cuerdas los extremos a los tobillos, quedando con estas separadas. Mi postura es muy evidente y el pánico termina apoderándose de mí. No tengo ya apenas fuerzas para defenderme y finalmente me resigno a esperar lo peor. Las lágrimas comienzan a correr lentamente por mis sienes.
   Cuando aquel tipo grande recibe la orden de comenzar el castigo, se acerca a mi y lo que en un primer momento es una sorpresa, un segundo después se convierte en una explosión de dolor tan horrible que quiero gritar y mi aliento no llega a las cuerdas vocales. Temiendo por mis partes mas intimas, es un alivio comprobar que aquella maza espinosa tiene por objetivo las plantas de mis pies. Pero las púas desgarran sin piedad la carne haciéndome levantar del suelo Aquella bestia de negro parece tener mucha prisa, porque no deja tiempo entre golpe y golpe, indistintamente a uno o a otro pié, con saña, con mala leche. Cada golpe es como una descarga eléctrica que me atraviesa el cuerpo hasta llegarme a la nuca. Tras unos minutos interminables en los que grito, lloro, me orino encima y araño las losas de barro cocido hasta astillarme las uñas, Al final pierdo el conocimiento y caigo en un profundo pozo que da vueltas en mi cabeza.
-Pandilla a pájaro negro.
-Aquí pájaro negro. Completado el lote. Un paquete se ha entregado a unos cuarenta kilómetros de vuestra posición. Cuadrícula ciento treinta y dos.
- Interrogo si está en buen estado.
-Creemos que es afirmativo, desplegó el de emergencias.
-Bien Pájaro negro, la pandilla sigue adelante. No tenemos comunicación satélite. Próxima comunicación según instrucciones vía radio. Tras cumplir el objetivo intentaremos recuperar el último paquete.
-Recibido Tango uno, suerte y corto.
-¿Ahora que hacemos?
-Está claro que se nos ha jodido la cosa, Beckett, pero lo primero es cumplir la misión.
-Podíamos ir un par de tíos a buscarlo y…
-No, no. Necesito a todo el equipo para el rescate.
-Si, pero si nos damos prisa y seguimos la dirección en la que cayó….
-No insistas Warlord. Primero el italiano y después buscamos a Doble J.
-¿Y sin la radio satélite como nos la apañamos?
- En las instrucciones del plan de rescate hay un punto de extracción y un horario fijado. Si estamos allí con el italiano y el pájaro se lo lleva, nos puede traer otra radio y dedicarnos a buscarlo. Fernando, ¿Cuántas baterías de radio tenemos?
-A dos por cabeza, son diez.
-Bien, pues todas las emisoras apagadas hasta que sea necesario y tu dejarás la tuya abierta por si Doble J. está lo bastante cerca como para recibir la señal portadora.
-De acuerdo.
-Espero que haya tenido suerte, Doble J es un tío con recursos y sabrá salir del trance.
-Suerte perra…
-Bueno, a por el reportero, después buscamos a nuestro hermano y todos para casa, ya sabéis que no dejo a nadie atrás.
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La experiencia de Sophie 5º capitulo

La experiencia de Sophie 5º capitulo

capitulo cinco


Misión delta



-Tango dos para delta uno
-Tango dos para delta uno, ¿me recibe?
-Adelante para delta uno

-¡Gracias a Dios!, Delta uno, ya les echábamos de menos

-Tango dos, misión cumplida sin novedad, estamos camino de la cuadricula asignada



-Bien, nueva orden, dirigirse inmediatamente a la zona nordeste de la cuadricula cuarenta y tres. Nordeste cuadricula cuarenta y tres, recibido, tiempo estimado dos horas.
-Recibido y corto.

-Tarkus, los DELTA están de vuelta sin novedad.

-Gracias Súper López, ya estaba preocupado, esperemos a que lleguen.

   Unos están de vuelta y otros se van, los hombres de Warlord, pertrechados y descansados salen uno tras otro despidiéndose del resto de compañeros, incluso Bravo que fue herido durante mi rescate se marcha con los demás.

   Comienza a amanecer fuera y me acerco a la salida de la cueva donde encuentro a Tarkus asomado por la abertura.


-Hola, ¿no duermes?
-Hola Sophie, ya he descansado algo, pero no estoy tranquilo hasta que no los tengo a todos a salvo, espero a los chicos de la DELTA.

-Les ha ido bien ¿no?

-Creo que si, "sin novedad” significa que se ha cumplido la misión y vuelven sin heridos ni incidencias.

-Son buenos esos chicos

-No voy a opinar  - Sonríe – podrías pensar que es pasión de padre…..Pero sí, son muy buenos.


De pronto Tarkus se incorpora y observa con obsesión hasta que unos minutos mas tarde aparece Alicuecano sonriendo y dice: Jefe, mire lo que he encontrado buscando espárragos.

   Detrás de él vienen los chicos que esperaba Tarkus, Salvi, Charly, Andrés, Rubiales, David y Spekter, que conforme van entrando van saludándose chocando los puños. El último es Tony, al que Tarkus le pasa el brazo por los hombros mientras vuelven al interior de la cueva. Todos se sientan en el suelo derrotados, se les ve muy cansados y sucios, pero eufóricos. Tony, a la vez que da largos sorbos de agua del tubo del camel-bag de Tarkus, le cuenta como ha ido la misión, con tal intensidad que todos los demás se acercan y forman corro a su alrededor.




 Llegamos a una zona elevada desde donde se divisaba el recinto y calculamos más o menos las posibilidades que teníamos de cumplir con éxito la misión.Había un edificio principal, una torre con antenas y una caseta de transformación. La valla era recia y alta, posiblemente electrificada y dentro se observaba a varios soldados de guardia.
-Charly, ¿puedes llegar hasta aquella peña?

-Creo que si, es posible que tenga buena panorámica, te aviso por radio.



Vale, Salvi, llévate a Andrés y David y tomáis posición en la zona norte, cerca de la entrada; Rubiales, Spekter y yo nos colocaremos en la zona sur por donde está la torre.Venga, vamos a por ellos.

-Delta tres para delta uno.

-Adelante.

Posición idónea, tres objetivos junto al edificio principal cara oeste.

-Delta norte en posición, noventa metros a la puerta, todo despejado.

-Recibido, cien metros a la valla, despejado.

-Atentos, se acerca vehículo pesado al objetivo, quinientos metros.

-Recibido Delta tres.

Un camión del ejército se para ante la entrada y toca el claxon. Unos segundos después la cancela se abre deslizándose hacia la izquierda, emprende la marcha y para en la explanada que hay en el centro del recinto. Se apean del remolque del vehiculo once soldados armados con fusiles AK-47y de la cabina un suboficial. El conductor se queda dentro del vehículo. Los soldados y el suboficial entran en el edificio principal. En la parte trasera de este hay tres soldados alrededor de una especie de barbacoa y se les ve muy afanados. La tarde va cayendo y la oscuridad lo va inundando todo, lo que ayuda al comando a acercarse al complejo y tomar posiciones.

-Delta sur, objetivo fijado en cabina.

-Recibido Delta tres.

Unos minutos después el suboficial se asoma a la puerta y habla con el conductor como dando ordenes; el conductor responde afirmativamente y vuelve a encender el motor, poniéndose en marcha hacia la salida.

-Atención delta tres, elimina al conductor antes que sobrepase la verja de salida.

-Recibido.

Segundos más tarde apenas se percibe un golpe sordo cuando el proyectil impacta en el conductor. El camión comienza a describir un arco saliéndose del camino y chocando contra el poste derecho de la puerta, el motor termina por pararse.

-Objetivo eliminado.

-Recibido. Delta norte, la puerta está abierta, aprovechad para entrar.

-Recibido delta uno, vamos para allá.

Salvi, Andrés y David se despliegan y se acercan a la verja abierta. Apenas son perceptibles en la oscuridad de la noche. Pero a unos cuarenta metros de la entrada Salvi se para y se tumba en el suelo.

-Atentos, hay una cámara en el poste este junto a los focos.

-Delta norte, no os mováis de vuestra posición.

Tony y Rubiales están a casi treinta metros al sur de la cerca, mientras Spekter ha montado un lanzagranadas  milkor y ha fijado el objetivo en la torre de la antena. De pronto todas las luces del recinto se encienden, grandes focos colocados en cuatro postes situados en el perímetro quedando todo iluminado a la vez que se oye una sirena a modo de alarma. Los soldados que están en la parte trasera junto a la barbacoa recogen sus AK 47 y comienzan a mirar hacia todos lados buscando el origen del revuelo formado.

Spekter no espera más y aprieta el disparador de la milkor. La granada se estrella contra una de las antenas parabólicas haciéndola estallar en mil pedazos; la luz cegadora y la lluvia de restos provoca que los soldados se cubran el rostro con las manos, momento que aprovecha Charly para abatir a uno de ellos y los otros, cuando se vuelven, son sorprendidos por una segunda explosión ocasionada por otra granada lanzada por Spekter. Esta vez alcanza una de las patas de la torre, haciendo que se incline entre gemidos de hierros retorcidos.


Tony se vuelve para mirar a Spekter y le levanta el puño cerrado de la mano derecha con el pulgar hacia arriba, a la vez que le sonríe. Los soldados que estaban dentro del edificio comienzan a salir atropelladamente fusil en mano ante las imprecaciones del suboficial, pero nada mas llegar a la explanada comienzan a caer abatidos por los disparos de David, Andrés y Salvi.


Spekter vuelve a disparar con la milkor pero esta vez hacia la valla, provocando la explosión un gran agujero en la tela metálica. Tony se levanta y corre hacia el boquete mientras Charly elimina al segundo soldado de la barbacoa y Rubiales se encarga de abatir al tercero. Por la parte delantera del edificio no queda nadie en pié y Salvi alcanza la verja de entrada. David lo rebasa a toda prisa llegando hasta la pared de la caseta de transformación. Andrés llega al camión y comprueba su estado.
-Delta dos para Delta uno.

-Adelante.

-La entrada al recinto está bajo control.

-Estoy dentro del recinto, zona sur del edificio.

-Aquí delta tres, ningún objetivo a la vista.

-Gracias Delta tres.





   De pronto todas la luces del recinto se apagan y la sirena deja de hacer ruido. Todo vuelve a una penumbra que casi es oscuridad completa. Tony se arrastra hacia la casa cuando el vidrio de una de las ventanas del lado sur se rompe y disparan en su dirección. Los proyectiles impactan muy cerca de él. Spekter que está al quite, ha cambiado el lanzagranadas por su bien calibrado M-14 y efectúa dos disparos hacia la ventana, alcanzando su objetivo. Rubiales sobrepasa a Tony y llega hasta la pared sur del edificio y lanza una granada por la ventana rota, se agacha y espera la explosión inminente. Cuando la granada explosiona, aprovecha Tony para alcanzar la pared sur, avanzar hacia la esquina suroeste y aproximarse a la puerta de la cocina. Charly desde lejos cubre todo ese lateral. Andrés alcanza la caseta del transformador y Salvi los rebasa llegando hasta la esquina nordeste de la vivienda, avanza muy despacio hacia la puerta principal, Rubiales le saluda desde la esquina sudeste.

-Aquí Alfa dos, a mi señal haced uso de las granadas.


-Delta uno recibido.
-Delta dos recibido.

-ya.



   Tony y Salvi lanzan sendas granadas por cada puerta, produciéndose las explosiones casi al unísono, esperan a que se despeje el humo producido y es   Tony, quien suelta el fusil H&K G-3, desenfunda su pistola Hi-capa aventurándose a entrar en la cocina muy despacio. Llega hasta un pasillo y ve como Salvi entra por la puerta principal, también con su pistola USP en la mano. Salvi hace señas a Tony de que se va a dirigir hacia la sala de control que queda a su izquierda. Tony le indica que seguirá la dirección opuesta. Ambos reciben por la emisora la información que les facilita Andrés de que el suboficial no ha salido del edificio.

   Tony camina pegado a una de las paredes, los ojos muy abiertos, el oído alerta a cualquier mínimo ruido. Avanza muy despacio hasta alcanzar una puerta. Su nariz le dice que es un baño y su oído capta el siseo de una pequeña perdida de agua en alguno de los grifos. Empuja la puerta y esta se abre de par en par; saca de un bolsillo de su chaleco una barrita de luz química, la activa doblándola contra su pierna y la lanza dentro. Se asoma fugazmente, pero lo suficiente como para ver que no hay nadie.

 Frente al baño, un poco mas adelante hay otra puerta. Adelanta un paso por el pasillo y repite la operación con otra barrita. Esta vez observa que la habitación es muy grande y que alberga varias camas, Decide lanzar una granada cegadora y cierra los ojos a la vez que se retira de la puerta. La granada hace explosión pero no se oye a nadie dentro. Entra en la espaciosa sala y se arrodilla apuntando a todas direcciones en busca de un blanco, pero nada se mueve.

   Mientras, Salvi ha entrado en la sala de control con una pequeña linterna, donde observa al soldado abatido y todo el equipo técnico repartido en dos consolas y dos ordenadores de sobremesa que están apagados al no tener suministro eléctrico. Inspecciona la documentación que hay sobre la mesa donde hay varias hojas escritas, pero imposible de leer al estar en árabe; sonríe y se guarda la documentación en un bolsillo de su chaleco:

-¿estaría escribiendo una historia como tarkus?.

   Tony sale del dormitorio y justo en ese momento se oyen dos disparos que impactan en el quicio de la puerta, destrozándolo y alcanzándolo en la cabeza. Por suerte siempre lleva su casco y no sufre daño alguno, solo el tremendo susto que le hace agacharse y apuntar en dirección a la última habitación, origen de los disparos.



-Cabrón, que susto me has dado, Responde bajito. Observa que Salvi se aproxima por el pasillo. Él le levanta la mano para advertirle y le indica con gestos llevándose dos dedos a los ojos y después la dirección de donde le llegaron los disparos. Dentro de la habitación, alguien habla en árabe a gritos y se oye de montar el cierre de un AK 47. Salvi llega hasta la posición de Tony y le dice:


-¡A tomar por culo!,coloca una mina claimoor en la misma puerta y sale corriendo; Tony se queda perplejo y contesta:

-¡Joder!

-¡Corre Tony!

   Ambos salen de la vivienda y Salvi levanta la mano derecha y acciona el mando a distancia de la mina. La explosión levanta parte del tejado e incendia el ala norte del edificio.

-¡Joder Salvi!, vaya maneras tienes de sacudirte los problemas. Ja ja ja.

-¿ Que quieres, que se nos inmolara en nuestras narices?.

-No creo que fuera de esos

-Bueno, por si las moscas.

-Vale, esto está listo. No sabemos si les habrá dado tiempo a avisar de nuestra presencia, así que larguémonos.

-Tony, hemos puesto varias cargas de explosivo plástico C-4 en la caseta de transformación y en la torre - Dice David.

-Perfecto, nos llevamos el camión, iremos por el camino que sube hasta el monte que pasamos esta tarde y lo dejamos allí escondido por si nos sirve mas adelante.


   Nada mas alejarse del recinto, hacen explosión las cargas y todo se ilumina de color ámbar. El sonido de la deflagración rebota en los montes cercanos como aullidos de una feroz bestia.   El camión está escondido a unos cuatro kilómetros de aquí; gracias a él hemos llegado tan pronto hasta aquí. Estos son los papeles que se trajo Salvi, pero no se entiende ni papa.


   -Tarkus coge los documentos y los observa un momento, después se los guarda en un bolsillo, comed algo y descansad, falta os hace.

 - Los del camión habían llegado de refuerzo, la zona estará a esta hora muy caliente, ¿Qué plan hay?

  -No sé, quiero que crean que vamos a cruzar la frontera, pero como ahora tenemos transporte se me está ocurriendo un plan que podría sacarnos de aquí por la puerta de atrás.

-No la vayas a liar que ya te conozco, Tarkus.

-Je je, ya sabes cómo pienso, sin riesgo no hay diversión.

   Los chicos que acaban de llegar comen algo de lo que queda y pronto se buscan un sitio donde sentarse o tumbarse y algunos tardan apenas unos minutos en quedarse dormidos, solo Tony y Salvi se quedan limpiando sus pistolas y cuchicheando por lo bajo, sin duda repasando la misión que acaban de completar; estos chicos se les ve muy profesionales para la edad que tienen, muy compenetrados.

Observo que Doble J está quitando las vendas que cubren su herida. Su cara contraída no es de dolor, mas bien es de enfado. Me levanto y me acerco hasta donde está sentado. Él me mira y me sonríe forzadamente y deja de desliar la venda.

-Hola Sofía, ¿porqué no descansas un poco? Nos espera aún un tirón bueno.

-No tengo sueño, además, quiero ayudaros a lo que pueda. Deja que te cambie el vendaje.

-¡No, no!, ya lo hago yo, estoy acostumbrado.

-No, por favor, déjame que sea útil un poco.


  Él se hecha un poco hacia atrás hasta apoyar la espalda en la fría pared de la cueva y me obsequia con una sincera sonrisa.
-Hace tiempo que no escuchaba mi nombre en español.

-Es un nombre bonito en los dos idiomas, aunque a mi me gusta mas en español.

   Al destapar la herida veo que el proyectil ha cortado la piel llevándose parte del músculo bajo la pantorrilla derecha. No estoy acostumbrada a ver estas cosas y siento que me mareo; no tengo mas remedio que sentarme y mi rostro se vuelve lívido. Todo me da vueltas.

¿Qué te pasa, te has mareado? Ya te he dicho que lo haría yo


No, ya se me pasa. Es que creí que no sería tan grande. Yo lo mas que he tenido ha sido un pequeño corte con un cuchillo de cocina o alguna excoriación alcaerme con la bicicleta, o una uña rota o que sé yo...Creerás que soy una tonta ricachona, una niña de papa.

-Venga, esto le pasa a todos los que ven algo así la primera vez, ya te curarás de espanto.

Doble J terminó de quitar el vendaje y se limpió la herida con una gasa, cubriéndolo todo con una pomada de un color amarillento.

-Ya veo que sabes lo que haces, no será la primera vez.

-Cierto, no es la primera vez que me curo y no con el material adecuado.

¿-Y esa cicatriz que tienes en el pié?


-¿El que?, ¿esto?, no quiero ni acordarme, fue en una misión que hicimos en Somalia, lo pasé muy mal, a consecuencia de aquello me han tenido que operar un pié, este donde me han dado hoy, ahora que ya lo tenía bueno, y dentro de poco me operarán el otro.

   Mientras Doble J se volvió a cubrir la herida con una venda nueva, hizo que me sentara a su lado y me contó una historia tan cruda que terminé llorando. No sé como este hombre seguía acudiendo con sus compañeros a misiones como la de mi rescate, mermado de facultades pero con un coraje y determinación dignos de un héroe
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